La Necesidad de seguridad de los docentes en el Paradigma Sistémico

Cada vez se me hace más difícil escribir, es más, ya casi y lo había olvidado. A mi colegio han ido dos escritores en el último mes y a uno de ellos tuve necesariamente que hacerle la pregunta típica. ¿Cómo lo haces para escribir y no morir en el intento?, él, muy amablemente me sonrío y luego procedió a responderme: -Hace mucho tiempo cuando mis hijos eran pequeños como los tuyos, no tenía tiempo para escribir así que me lo propuse como un trabajo, los días sábados y domingo me levantaba a las 5 de la mañana para escribir sagradamente y así evitar las distracciones propias de la crianza. Pues bien, me quedaré con éste buen consejo e intentaré hacer lo mismo.

Ahora voy a lo que me convoca, después de mucho tiempo, creo que años, he reflexionado sobre mi función actual, sobre los movimientos y engranajes que conforman el sistema en el que me desenvuelvo día a día y en el que intento de forma desesperada cambiar. Para la sistémica no existe el tiempo, es como si cada proceso por sí mismo fuera simplemente lo que debe ser, pero me encuentro con la visión del Ministerio y sus poco amigables visitas a mi colegio en el que me desempeño como coordinadora de UTP (ex jefa de UTP) y es en esos momentos en donde me doy cuenta que el paradigma de la educación sistémica va más adelante que ésta cadena de sucesos de causa y efecto. La visión o paradigma sistémico tiene que ver con un todo y sus partes y de qué manera el orden del todo, influye en resultados medibles pero a largo plazo. Es así como nuestro colegio en tan sólo dos años ha logrado aumentar en 38 puntos promedio la prueba de comprensión lectora 4° año básico y en 25 puntos promedio, los resultados de Matemática. Indicador que es relevante sólo para temas técnicos, porque a mí lo que me interesa son los procesos internos que esto lleva.

¿Cómo logramos  elevar los puntajes? (y esperamos mejorar aún más), considerando las necesidades del docente por sobre todo lo demás, en una primera instancia, el personaje principal es el docente y todo lo que a éste o ésta lo rodee. Si nos detenemos a pensar en nuestras cargas emocionales no divisibles entre familia y trabajo, lograremos entender que si el hijo o hija de un o una docente está enfermo, la prioridad es que esté bien y que la madre sienta que está haciendo  todo lo necesario para cubrir las necesidades de su hijo o hija. Una vez que el mal tiempo pase, la docente volverá con más fuerzas a trabajar y se comprometerá aún más con los objetivos propuestos, porque sabe que el equipo directivo no cuestionará su decisión, es más, la apoyará.

En los casos en que es posible, si es necesario que un docente pueda retirarse antes de tiempo, también existe ésta posibilidad, ya que no nos sirve de nada tener a un profesor con la cabeza en otra parte con un grupo de niños a quien facilitar aprendizajes. Desde el punto de vista de la naturaleza humana, necesitamos estar aquí y ahora para poder entregar algo de calidad a los demás, de lo contrario es mejor restarse.

 

Los hijos de docentes en la escuela son parte de la rutina, intentamos cuidarlos, ayudarlos y hacerlos parte de cada actividad en la medida de lo posible inclusive si los niños pertenecen a otra escuela. La decisión de los padres no debe ser rebatida, ya que son ellos quienes toman la mejor opción   en la crianza y nosotros como docentes directivos, no debemos emitir opinión al respecto. A veces podemos tener diferencias, pero esperamos lograr el objetivo, que es que nuestros docentes sientan que son importantes y centrales para la escuela y sus estudiantes.

 

Con respecto a las agresiones de los apoderados hacia los docentes, se busca de diferentes formas proteger a las y los profesores de éste tipo de situaciones, inclusive si el apoderado pudiera tener la razón. Se debe corregir en privado y felicitar en público, posterior a ello, todo amerita una conversación para que el docente pueda reflexionar sobre los hechos evitando volver a cometerlos nuevamente. En el caso de que éstos sean graves, se actúa según protocolos establecidos velando siempre por los derechos del niño, la niña y el adolescente.Si bien intentamos estar en todo momento, siempre hay situaciones que se nos pueden escapar de las manos, pero la idea central de contención y protección hacia nuestros docentes está.

¿Cómo reaccionamos frente a los duelos? Se brindan espacios de ausencias frente a la muerte de cualquier familiar o cercano del docente, ya que desde la visión sistémica, la muerte es una instancia de dolor individual que  necesariamente lleva un proceso de reflexión de la mano, por lo que no podemos restringir ese dolor sólo a la muerte de un padre, una madre, un hijo (a) o un abuelo, sino también  a aquella persona con la que el docente estuvo vinculado de una manera especial. Puedo pensar en la pregunta que se estarán haciendo: – ¡Entonces es la excusa perfecta para faltar a trabajar!-.Aunque no lo crean, esto no sucede porque las licencias están, no se prohíbe faltar se facilita el no asistir, por lo tanto las personas se hacen más conscientes de estos beneficios y de la visión de la escuela propiamente tal, por lo que cuantitativamente tenemos porcentajes menores de ausencias docentes v/s otras escuelas del sector.

También me puedo imaginar que muchos de ustedes deben pensar en que ésta es una escuela tipo hippie  o de pedagogía libre en donde hay 5 niños por sala, pues para la sorpresa de muchos de ustedes, tenemos en promedio entre 35 y 45 alumnos por curso con un total de 320 estudiantes en una escuela con un alto índice de vulnerabilidad de la Región Metropolitana, la diferencia es que creemos que éstos cambios en la educación tradicional, son necesarios y primarios para dar paso a buenos resultados y que no necesariamente los Colegios con Pedagogías alternativas son buenos lugares para trabajar, sino también éste tipo de escuelas en donde el docente es nuestra principal herramienta de cambio y que en la medida que damos cabida a su necesidad de seguridad: emocional, grupal y laborar , la y el docente puede entregar lo mejor de sí mismo y de su conocimiento a los estudiantes que forman parte de nuestra comunidad educativa.

Como misiva máxima establecemos que si bien las remuneraciones son importantes y relevantes en el reconocimiento de la labor docente, la calidad de vida y un buen ambiente de trabajo en donde cada uno siente que es trascendental en el aprendizaje de los estudiantes y el mejor de todos, pasa a tener el papel supremo. Con ésta simple idea la visión sistémica intenta conseguir que los docentes se sientan seguros, en calma y reconocidos por todos los actores del sistema educativo, porque lo merecen y son el pilar de toda una sociedad en constante cambio y movimiento en donde cada una de las piezas cumple una función mágica y consciente.

inclusion

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